Sentí desfallecer




Un excelente poema de Felipe Tajafuerte que refleja de forma clara como resurge la esperanza de la incertidumbre más profunda. Poema que lleva por título:


Sentí desfallecer

Sentí desfallecer.
Vi emerger un sórdido leviatán
de la profundidad de los miedos,
aflorar el desaliento con giros de amargura
y semblante de crisantemo.
Percibí la desazón arañando mis mañanas
y el desasosiego hurgando el destello de mis noches.
Un escalofrío de incertidumbres
anegó mis horas una a una.
Tenía los oídos ciegos a la confianza.
Los ojos cuajados de infortunio.
Mas, un apagado resplandor
-fanal en la oscuridad-
sembró la flor dúctil de la esperanza
precursora del optimismo.
Sin embargo, a pesar de ello, todavía...
                                           sentí desfallecer.









La mujer poliedro




Del poemario Ángulos de Chelo de la Torre,  uno de los poemas de la serie "mujeres" que más me gusta, titulado:


"La mujer poliedro"

La mujer-poliedro se mece en la rama del árbol,
abre la puerta, extiende libre sus caras,
deja que la empape la lluvia
y que en sus vértices aniden los pájaros.

La mujer-poliedro nunca está triste,
compra el pan,
lleva a los niños al parque,
pasea al lado de los perros
mientras los dueños apoyan en sus aristas los bastones,
hablan lenguas que ella no entiende
y beben cerveza en el bar de la esquina.

La mujer-poliedro no habla, solo observa
y busca en el índice de su viejo libro
el ángulo en el que debe quedarse a vivir.


Autora: Chelo de la Torre



La última cena





Javier Ximens  escribió este microrrelato para la primera jornada de la convocatoria “La primavera de microrrelatos indignados 2013”.
El micro transmite tristeza, angustia y desesperación. Es un micro impactante que nos revuelve las tripas y nos deja con un sabor amargo pegado a nuestra conciencia.

El microrrelato lleva por título:



La última cena


Lee la etiqueta del producto matarratas en la sección de droguería. Lo deposita en el carro. Limpia con la bocamanga las boceras de la niña sentada dentro. Deja en la papelera el envoltorio vacío de un donut. Coge dos puñados de arroz de un paquete roto. Se lo guarda en el bolsillo. En la carnicería toma una bandeja. La cajera le dice que es para perros. Ella contesta que es para su cachorro. Paga con el solitario billete de cinco euros varias veces plegado. 
La niña pregunta: «¿Mamá, esta noche cenamos?». 
La madre asiente. «¡Bien, chicha! », grita la cría.



Suelta




Un  microrrelato de Miguelángel Flores ganador en el 1er. concurso de Microrrelatos 8 de Marzo en Montcada i Reixac, Barcelona en el 2015



Suelta

Jamás tuvo costumbre de ceñirse la cintura. Como no la tuvo nunca para sujetarse el pelo en una cola, ni usar sandalias de atarse. Ya de niña era incapaz de mantenerse en fila formando para entrar a clase, o de aunar en su mano las varas de retama que recogía en el camino. Tampoco aprendió a colorear dibujos sin salirse de los bordes. Y dejaba escapar adrede los globos, solo para mirarlos subir, decía. La madre, a la que nada le extrañó, no ha contado a nadie, para que no la tomen por loca, que al parirla, asombrada notó con extrema claridad, en vez de a la niña que venía, cómo con el último empujón, de entre sus muslos una bandada de aves alzaba el vuelo.